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LA COMPETITIVIDAD: TAREA DE TODOS
Por Pablo Samaniego
Fander Falconí y Hugo Jácome
Si se entiende por competitividad la capacidad de una organización pública o privada, lucrativa o no, de mantener sistemáticamente ventajas comparativas que le permitan alcanzar, sostener y mejorar una determinada posición en el entorno socioeconómico, es fácil ver por qué la competitividad del Ecuador es tarea de todos.
Es cierto que hoy todos hablan de competitividad y pocos saben exactamente lo que significa. Es que, como se explica en los siguientes artículos que configuran el Tema Central de este número, su contenido es multifacético y, lo que suele suceder con las palabras muy ricas, hay la tentación de solo tomar una de sus dimensiones y olvidarse de las demás.
Pero el uso amplio del término competitividad en los ámbitos empresariales, políticos y socioeconómicos en general también es un signo positivo: podría significar que los agentes económicos del país han abandonado su tradicional actitud tímida que buscaba todo tipo de protecciones, y que han pasado a un planteamiento más abierto, expansivo y proactivo.
Si fuera así, estaría dándose el primer paso en la evolución del modelo de empresa y del propio empresario. Tener una actitud abierta hacia el entorno, dispuesta a cambiar, tanto en las empresas grandes como en las pequeñas, tanto en el sector público como en el privado, ya es empezar a adoptar la visión estratégica indispensable para la competitividad.
La competitividad va muy unida a la idea de la “excelencia”. Quiere decir que una empresa, un gobierno local, una rama industrial, un país emplea al máximo la habilidad, los recursos, los conocimientos y atributos de los que dispone.
Ahora bien, la competitividad no es obra de la casualidad ni surge por generación espontánea: se crea y se logra a través de un largo proceso de aprendizaje y negociación por grupos colectivos, por la competencia y el mercado, y por último, el gobierno y la sociedad en general. Es lo que explica Pablo Samaniego en el primer artículo. Pero sería trágico un engaño colectivo en este campo: Fander Falconí y Hugo Jácome plantean, en el segundo, que los métodos y criterios que se utilizan en el Ecuador para medir la competitividad están errados. La discusión está planteada.
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