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Banca pública: ¿nuevo crédito, viejos vicios?
Por María de la Paz Vela, María Lorena Castellanos y Daniela Anda
Ofrecer la repatriación de la reserva internacional de libre disponibilidad (RILD) para destinarla a crédito al sector productivo fue un golpe de efecto del Gobierno, como respuesta a la subida del desempleo a 9,1% en el tercer trimestre de 2009 y, en general, a la iliquidez que frenó el gasto del Gobierno y el consumo privado.
Para preparar sicológicamente la operación se empezó por sustituir el rol de la RILD de respaldar las operaciones externas por el de “dinero ocioso que financia a los países ricos”. De allí se dedujo que lo mejor es destinarla a crédito para la reactivación productiva y la creación del empleo.
La oferta cayó como riego en sequía y más cuando se anunció que el crédito se canalizaría a través de la banca pública, históricamente incapaz de afrontar las complejidades crediticias y, en cambio, demasiado abierta a la manipulación política, como lo han demostrado la descapitalización y la quiebra de estas instituciones ocurridas una y otra vez desde su creación. Tasas subsidiadas, alta morosidad, clubes de deudores, baja eficiencia productiva, obligación de recibir cartera vencida y pérdidas generadas hasta en bancos privados han creado una cultura de no pago en los ecuatorianos que reciben crédito de la banca pública. Pero es a esta banca pública a la que se la encarga de canalizar el crédito de la reactivación.
Este artículo analiza cómo se está haciendo esto, los indicadores globales de operación en estas instituciones y entrevista a algunos agentes clave relacionados con este espinoso tema. |