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En
el manejo presupuestario de las entidades públicas
EL SIGEF, EL SIGEF... A USTED NO LE SUENA PERO ES LA REVOLUCIÓN
Una de las tareas más antipáticas
pero absolutamente indispensable en cualquier entidad pública
que dependa parcial o totalmente de los recursos del Estado,
ha sido siempre la de aquel funcionario, generalmente el
propio director financiero, que tenía que hacer visitas
regulares al Ministerio de Finanzas. Armado de paciencia,
y muchas veces de algún "agradito", como
una botella de licor o un perfume, el pobre individuo tenía
que hacer el viaje para congraciarse con los funcionarios
de Finanzas de cuya buena voluntad dependían las
transferencias de los recursos para que su institución
(sea esta un Ministerio, una Universidad pública
o un Concejo cantonal) pudiera sobrevivir un tiempo más.
Cuando se acababan los recursos, tocaba de nuevo hacer el
viaje, la espera, el coqueteo, la entrega del agrado, cuando
no el pasar por alguna humillación, para salir triunfante
con "la transferencia".
Había directores financieros notablemente eficientes
en estas tareas. A veces no eran ellos sino unos funcionarios
especializados, que se volvían legendarios en las
instituciones por conocer todos los tejes y manejes de Finanzas,
y salir avantes en su tarea de conseguir la transferencia.
Luego venía la "ejecución presupuestaria".
Allí, la toma de decisiones no era nada científica;
no había sino las prioridades que el director, ministro
o alcalde de turno pudieran impulsar, y eso también
si contaban con la buena voluntad del departamento financiero,
ya no de Finanzas sino el de la propia institución.
En el Ecuador, como en los buenos representantes del subdesarrollo,
en todos los niveles de la gestión pública,
la alegórica "toma de decisiones" ha respondido
casi siempre a cualquier motivo o interés excepto
a un análisis responsable de toda la situación,
con información adecuada y relacionada entre sí.
Por ello, aunque los gobiernos tuvieran buenos planes y
buena voluntad los funcionarios, con frecuencia todo quedaba
relegado a las mañas y decisiones de los directores
financieros. No nos hagamos mala sangre: muchos de esos
directores eran, por supuesto, buenísimas personas
y gente patriota, pero carecían crónicamente
de las herramientas para conocer la globalidad de la marcha
de los programas, las necesidades de recursos y las disponibilidades
financieras.
Bueno: aunque no lo crea, ¡esto está cambiando
en el Ecuador! Es difícil asumirlo, pero es así.
Los tecnócratas dicen cosas como que "En el
Ecuador era imprescindible contar con una herramienta que
permitiera incorporar una dosis contundente de eficiencia
y transparencia en la administración de los recursos
públicos, asignándolos y distribuyéndolos
con justicia y equidad". Sí, muy bien; pero
de lo que se trata, en el fondo, es bastante más
simple: tener los recursos a tiempo y sin humillaciones,
y saber cuánto se tiene, cómo se gasta y qué
se necesita.
El artículo incluye un análisis
de qué es el Sigef y cómo funciona, la evaluación
de los primeros resultados y varios cuadros con información
sobre las entidades adscritas al sistema y la ubicación
del Sigef por provincias.
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