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¿UN PROTECTORADO PARA LA ARGENTINA?
Por Rudiger Dornbusch y Ricardo Caballero
La situación de la Argentina es tan mala que dos
profesores de economía del Massachusetts Institute
of Technology proponen que se constituya un protectorado
y se encargue a un grupo de extranjeros la conducción
económica de ese país. Los autores, plantean
que Argentina renuncie por un tiempo a su soberanía,
ya que está visto que no puede confiarse a los argentinos
la conducción de su país. Aun así,
afirman, la reconstrucción de la Argentina tomará
muchos años.
El artículo, titulado Argentina cannot be trusted,
fue publicado en el Financial Times el 7 de marzo, y posteriormente
traducido, publicado y comentado en todos los tonos en varios
medios de comunicación argentinos. He aquí
el texto del polémico artículo, traducción
por Gonzalo Ortiz.
Argentina está esperando el próximo salvataje
del Fondo Monetario Internacional, pero eso no solucionará
la miríada de problemas del país. De hecho,
todos saben que la solución no es más dinero
aunque esta resulte más fácil que la ruta
de la reforma radical que se necesita.
Habiendo caído tan hondo, no es de sorprenderse que
la respuesta deba ser la reconstrucción integral
y no apoyo económico para una compostura de ocasión.
Es hora de ser radical. Cualquier programa plausible para
la reconstrucción debe construirse alrededor de tres
puntos:
Primero: debe reconocerse que la solución tomará
al menos una década, no unos pocos años. La
producción, el crédito y las instituciones
argentinas están destruidas. Tiene que reconstituirse
su capital físico y moral, y esto toma mucho tiempo.
Segundo: puesto que su cuerpo político ha sucumbido,
Argentina debe renunciar temporalmente a su soberanía
en todos los temas financieros. La solidez financiera es
el área clave donde debe crearse una cabeza de puente
para empezar a pensar en un sólido sistema fiscal
y de ahorro e inversión.
Por último, el resto del mundo debe proporcionar
apoyo financiero. Pero debe hacerlo únicamente a
condición de que Argentina acepte una reforma radical
y el control y supervisión extranjera de su gasto
fiscal, su emisión de dinero y la administración
de sus impuestos. La ayuda extranjera que se necesita es
aquella que permita establecer un puente hasta el día
en que se haya creado un sistema financiero viable, lo que
está a un año o dos de distancia.
Argentina está siendo canibalizada por esta lucha
distribucional sin salida entre los trabajadores y los ricos.
Más dinero del FMI sin un cambio profundamente interventor
de las reglas no va a prevenir la autodestrucción.
Los argentinos deben reconocer humildemente que sin un apoyo
masivo y una intervención externa no van a resolver
el lío.
Argentina ahora debe renunciar a su soberanía monetaria,
fiscal, regulatoria y de manejo de activos por un período
extendido, digamos de cinco años. Después
de la Primera Guerra Mundial, la Liga de Naciones reconocieron
el problema fundamental de una sociedad disfuncional en
Austria. Resolvieron el problema y dieron apoyo financiero
poniendo allí -con la aceptación del parlamento-
un comisionado general residente, nombrado por y responsable
ante la Liga de Naciones. El comisionado general tenía
que firmar cada instrumento de gasto, supervisar el banco
central y monitorear la reforma.
Esto es lo que Argentina debe aceptar a cambio de nuevos
préstamos. Los comisionados deben provenir de países
distantes y desinteresados (Finlandia, Holanda, Irlanda,
por ejemplo), donde la gente ha entendido que las instituciones
económicas protegen la estabilidad y son las bases
de la prosperidad.
Con el compromiso a un plan claro y radical, Argentina ofrecería
un panorama fresco y prometedor.
Este polémico artículo termina con la siguiente
aseveración: "Que no quede duda de que esta
es la condición de Argentina el día de hoy.
Y que no quede duda de que será un gran error que
el FMI dé el dinero como siempre".
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