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Si no se resuelve el deterioro social no habrá recuperación económica POBREZA CRECIÓ CON EL AJUSTE Por Carlos Larrea* El Ecuador, como la mayor parte de los países latinoamericanos, enfrenta una prolongada crisis, desde 1982. El Estado, como respuesta, ha aplicado un proceso de ajuste estructural y ha cambiado su estrategia de desarrollo hacia la promoción de exportaciones. En este artículo se presentan algunos resultados de un estudio reciente realizado por el autor en la Universidad de Toronto, sobre los efectos sociales del ajuste en el Ecuador, titulado Structural Adjustment, Income Distribution and Employment in Ecuador. Los análisis recientes sobre el ajuste estructural en el país coinciden en señalar que el proceso se ha aplicado en forma gradual, bajo condiciones políticas altamente conflictivas, y se ha caracterizado por su débil consistencia en el largo plazo. (Véase, principalmente, el estudio de Marilee Grindle y Francisco Thoumi, Muddling Towards Adjustment: The Political Economy of Policy Change in Ecuador, y el libro de Alain de Janvry y otros, The Political Feasibility of Adjustment in Ecuador and Venezuela). Al cabo de más de una década de su inicio, el proceso se encuentra aún en marcha, y sus efectos económicos han sido, hasta el momento, limitados. En efecto, el ingreso per cápita del país se encuentra todavía en valores comparables a los de 1980, evidenciando 15 años de estancamiento luego de tres décadas de rápido crecimiento. La capacidad adquisitiva de las exportaciones, por otra parte, no ha demostrado una recuperación consistente. En efecto, su promedio para el período 1988-1994 fue 2,5 % menor al correspondiente a 1976-1981. Si bien los volúmenes exportados han aumentado, el deterioro de los términos de intercambio ha drenado dramáticamente los efectos de la expansión. La diversificación de las exportaciones ha sido mínima, si se considera que el más importante producto no tradicional de exportación a los países desarrollados, las flores, no alcanza el 2 % de las exportaciones totales. El ajuste estructural, en consecuencia, se ha caracterizado por su limitada viabilidad política y ha conducido, hasta el momento, a resultados económicos relativamente modestos. A su vez, el costo social del proceso y de la crisis económica ha sido elevado. QUÉ SIGNIFICA SER POBRE La pobreza puede definirse como la incapacidad estructural de un hogar para satisfacer las necesidades básicas de sus miembros. Aunque su medición es compleja y no existen criterios unificados para realizarla, los estudios recientes encuentran un crecimiento en la severidad de la pobreza en el sector urbano del país. En el Cuadro 1 se pueden observar los porcentajes de la población urbana afectados por la pobreza y la indigencia, según la metodología convencional de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), que define un hogar como pobre cuando sus ingresos se encuentran por debajo del costo de una canasta mínima que permita la satisfacción de sus necesidades básicas (alimentación, vestido, salud, vivienda y otros). Un hogar es considerado indigente cuando sus ingresos son menores al costo de una canasta básica únicamente de alimentos. Para compensar de la mejor manera posible la distorsión creada por la subdeclaración de ingresos en las encuestas de hogares, se ha corregido los datos mediante un ajuste con las cuentas nacionales. Como puede observarse en el Cuadro 1, el porcentaje de población indigente en el área urbana ha aumentado del 13 % en 1988 a casi el 20 % en 1993, y los porcentajes de pobreza han crecido del 31 % al 36 %. El Cuadro 2 muestra una pronunciada concentración en la distribución del ingreso en el área urbana. El coeficiente de Gini ha aumentado de un promedio de 0,446 entre 1988 y 1990, a una media de 0,498 para el intervalo 1992-1993. Este indicador varía desde 0 a 1, y su mayor valor revela distribuciones menos igualitarias. Las diferencias en la distribución del ingreso en el país son abismales, y se encuentran entre las más altas del mundo. En efecto, los ingresos del 5 % más rico de la población superan en no menos de 60 veces a los del 5 % más pobre, y la brecha entre los dos grupos tiende a crecer. El estudio preliminar del Banco Mundial Ecuador Poverty Report (abordado en el artículo precedente, de Luis Fierro) confirma un incremento de la pobreza y una tendencia creciente a la concentración del ingreso, aunque su cálculo de la pobreza llega a resultados distintos para 1994. El Banco estima que la pobreza urbana alcanza el 25 % y la rural el 47% de la población. La diferencia entre los datos del Banco Mundial y las cifras presentadas en este artículo se origina en el uso de una metodología distinta. El Banco parte de la medición del consumo en lugar del ingreso. Este procedimiento es posible únicamente para la encuesta de condiciones de vida de 1994, y desafortunadamente no puede aplicarse para años anteriores. El propio Reporte del Banco concluye, tras estudiar el ingreso a partir de las encuestas de hogares realizadas desde 1988, que la incidencia de la pobreza urbana ha aumentado, tanto en la Sierra como en la Costa, entre 1989 y 1993. El estudio de los ingresos entre 1988 y 1993, aplicando una corrección basada en la comparación con las cuentas nacionales, es una alternativa adecuada, aunque no necesariamente precisa, para el estudio de la evolución de la pobreza a lo largo del tiempo. En los cuadros se encuentran tanto los datos originales como las estimaciones corregidas. CAÍDA EN EL EMPLEO Y LOS SALARIOS A la intensificación de la pobreza se añade un deterioro de las condiciones de empleo en el área urbana del país, que puede observarse tanto por el aumento del desempleo abierto como por la expansión del sector informal. La tasa de desempleo abierto subió de 6,5 % en 1988 a 8,3 % en 1993, y la participación del sector informal urbano también se incrementó, llegando al 40 % de la población económicamente activa (PEA) en 1993. Como consecuencia, el porcentaje de personas con empleo regular (no subempleadas) en el sector formal urbano bajó del 36 % de la PEA en 1988, al 30 % en 1993. Este proceso es preocupante, ya que el Ecuador se encuentra entre los países latinoamericanos más gravemente afectados por el subempleo. A lo largo de esta década también se observa una pronunciada caída en los sueldos y salarios. La participación de las remuneraciones al trabajo en el producto interno bruto (PIB), según las cuentas nacionales, ha declinado del 32 % en 1982, al 15 % en 1992. En términos reales, la suma total de remuneraciones ha perdido el 43 % de su valor en tal período. Según las encuestas de hogares, los salarios medios urbanos en 1992 representaron solamente el 78 % de su valor de 1988. En 1993 experimentaron una cierta recuperación, sin retomar su valor previo. MENOR INVERSIÓN EN CAPITAL HUMANO A la caída en los ingresos se añade la disminución de los gastos sociales del Estado. El gasto público en educación se ha reducido del 5,1 % del PIB en 1982, al 2,7 % en 1993. Las cifras correspondientes para salud son 2,2 % y 0,7 %. El deterioro de la inversión en capital humano se hace perceptible no solamente en la cada vez peor calidad de la educación, sino también en la reducción de matrículas en los niveles medio y superior, y en el reciente estancamiento del nivel de escolaridad de la PEA urbana, luego de varias décadas de ascenso. Aunque los datos para el sector rural son escasos, el mencionado estudio del Banco Mundial encuentra que el efecto redistributivo de la legislación agraria en el Ecuador ha sido mínimo, y que la desigualdad en la estructura de la tenencia de la tierra se encuentra todavía a niveles comparables a los de 1974, con coeficientes de Gini cercanos a 0,80. El estudio demuestra, además, que las pequeñas y medianas unidades agrícolas son más productivas que las grandes. En conclusión, estudios provenientes de distintas fuentes y basados en métodos diferentes, coinciden en señalar un pronunciado y preocupante deterioro social a lo largo de esta década. La intensificación de la pobreza significa que un porcentaje cada vez mayor de ecuatorianos se encuentra incapacitado para desarrollar su potencial como seres humanos, al no poder solventar sus necesidades básicas en educación, salud o vivienda, y al sufrir problemas como la desnutrición. Desde la perspectiva ética y social, esta situación significa un retroceso profundo en el proceso de desarrollo. LA POBREZA COMO PROBLEMA ECONÓMICO Desde una perspectiva económica, el problema de la pobreza representa también un serio obstáculo a largo plazo para el crecimiento. En efecto, en un contexto internacional como el actual, caracterizado por una acelerada innovación tecnológica, las ventajas comparativas basadas en la simple disponibilidad de mano de obra no calificada barata o de recursos naturales, son cada vez menos importantes. La creciente marginalización de muchos países del Tercer Mundo, de la economía mundial, entre ellos los de una parte de América Latina, lo demuestra. La región en su conjunto, que absorbía el 12 % del comercio mundial en 1950, apenas llegó al 3,3 % en 1989. Por el contrario, los países que han logrado mantener altas tasas de crecimiento y han alcanzado una verdadera diversificación de su economía y su sector externo, lo han conseguido en base a una distribución equitativa del ingreso y una prolongada inversión en capital humano. Tal es el caso de Corea de Sur y Taiwan, en el Sudeste asiático. En ambos casos, la aplicación de una radical reforma agraria en la posguerra condujo a una mejora substancial en la distribución del ingreso; además, el Estado ha mantenido un papel central en educación, salud, y el desarrollo de ciencia y tecnología. En el contexto latinoamericano, las experiencias de Costa Rica, Uruguay y Chile muestran también la enorme importancia de la inversión en educación y salud. La mejora en las condiciones sociales es el prerequisito para un crecimiento económico sostenido, en el actual contexto internacional. La experiencia mexicana reciente sugiere, por el contrario, que las políticas ortodoxas de ajuste no necesariamente conducen al crecimiento estable ni a la superación de los problemas sociales. La experiencia empírica demuestra que ningún país que haya aplicado políticas restrictivas al desarrollo de su capital humano -como las que se están dando en el Ecuador- ha logrado siquiera un crecimiento económico estable, y peor aún avanzar en su desarrollo social. Los costos económicos de la inequidad, finalmente, pueden llegar a ser muy elevados, como lo ha demostrado la experiencia peruana en la década anterior, analizada brillantemente por Adolfo Figueroa. El contraste entre los "tigres asiáticos", donde han prevalecido estructuras sociales igualitarias, y Filipinas, país del Sudeste asiático donde han coexistido amplias diferencias sociales, una conflictiva situación política y una economía no demasiado exitosa, es otro ejemplo interesante. En el Ecuador, el panorama del ajuste estructural se ha caracterizado no sólo por el incremento de la pobreza y de las desigualdades sociales, sino también por el conflicto político crónico y el estancamiento económico. Esta combinación de pobres resultados económicos y crecientes tensiones sociales y políticas no parece ser simplemente una coincidencia. Puede representar, por el contrario, una renuncia de la sociedad a sus perspectivas reales de recuperación y desarrollo. * PhD. en Economía Política y profesor de la FLACSO. Para ganchos: (2) Estudios de distintas fuentes, y con métodos diferentes, coinciden en señalar un pronunciado y preocupante deterioro social a lo largo de esta década. La mejora en las condiciones sociales es el prerequisito para un crecimiento económico sostenido, en el actual contexto internacional.
CUADRO 1 EVOLUCION DE LA POBREZA URBANA EN EL ECUADOR: 1988-1993 Porcentajes de la población (Estimaciones corregidas con las Cuentas Nacionales) 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1993 jul. nov. No pobres 68,9 61,3 58,0 54,9 61,9 61,2 63,8 Pobres No indigentes 17,9 18,7 16,5 19,3 17,6 17,1 16,7 Pobres indigentes 13,2 19,9 25,5 25,8 20,5 21,7 19,6 (Subtotal pobres) 31,1 38,7 42,0 45,1 38,1 38,8 36,2 (Resultados no corregidos de las encuestas) No pobres 33,7 29,3 24,7 26,7 26,2 26,5 31,9 Pobres No indigentes 31,9 34,6 31,0 28,0 29,1 28,8 27,7 Pobres indigentes 34,4 36,1 44,3 45,3 44,7 44,7 40,4 (Subtotal pobres) 66,3 70,7 75,3 73,3 73,8 73,5 68,1 Fuente: INEM e INEC, Encuestas de Hogares. Elaboración: Autor.
CUADRO 2 DISTRIBUCION DEL INGRESO EN EL AREA URBANA: 1988-1993 Porcentajes del Ingreso Total por estratos (Datos corregidos con Cuentas Nacionales) Estrato de Población 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1993 jul. nov. 5% más pobre 0,27 0,29 0,29 0,20 0,24 0,23 0,21 5% siguiente 0,52 0,55 0,52 0,37 0,44 0,43 0,36 10% siguiente 1,76 1,71 1,45 1,08 1,26 1,31 1,11 30% siguiente 9,46 8,68 7,78 6,02 7,35 7,40 6,69 30% siguiente 23,45 24,64 23,92 17,85 20,95 20,61 20,06 10% siguiente 17,78 18,92 18,89 16,53 17,19 16,79 16,84 5% siguiente 13,77 14,28 14,77 14,38 14,30 13,88 13,78 5% más rico 32,99 30,93 32,38 43,57 38,27 39,35 40,95 Coeficiente de Gini 0,602 0,602 0,622 0,700 0,657 0,659 0,678 Fuente: INEM e INEC, Encuestas de Hogares. Elaboración: Autor.
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