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¿CONEJILLOS DE INDIAS DEL FMI Y LOS EE.UU.? Las críticas fueron muy fuertes: uno tras otro, varios oradores en la asamblea conjunta del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional celebrada en Washington a fines de septiembre pasado, criticaban en tono altisonante la decisión del FMI de alentar al Ecuador a no pagar su deuda externa en bonos Brady. Pero las críticas también iban en contra del gobierno de los Estados Unidos, especialmente del Secretario del Tesoro, Larry Summers. Los ataques más virulentos fueron los de Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards. Este último, renombrado economista chileno, criticó "el experimento de Larry Summers" y dijo que "no solamente es irresponsable sino también inmoral con el pueblo ecuatoriano hacer aquello, porque no le van a ayudar a este país pequeño haciendo un experimento". Parecidas palabras se empleaban en los medios especializados en economía. El Financial Times dijo el 20 de septiembre que el FMI "juega con fuego en Ecuador", mientras Joaquín Estefanía de El País del 3 de octubre resaltó la "heterodoxia" en que se embarcaban el FMI y Larry Summers, en el caso de Ecuador. La acusación concreta es haber convertido al Ecuador en un caso experimental para dar a los acreedores privados la lección de lo que significa la "carga compartida" (burden sharing). El tamaño del Ecuador era apropiado: nadie podría ver a Brasil como conejillo de indias, pues tiene deudas en bonos por US$ 50 mil millones, mientras que el tamaño de la deuda ecuatoriana sí servía para lanzar a este país al agua. DE QUÉ SE TRATA Fue en 1998, después de que Rusia declaró la moratoria de su deuda doméstica, cuando por primera vez el FMI y el Grupo de los Siete (G-7) sugirieron que los inversionistas que toman fuertes riesgos en bonos de mercados emergentes deberían "compartir la carga" si ocurriera un default. En esencia, esta filosofía promueve que el país deudor y los tenedores de bonos de dicho país, compartan pérdidas sobre una deuda vigente que el país no puede servir debido a una crisis. El concepto se sostiene en el principio de que invertir en bonos en un país emergente tiene un alto riesgo de no pago, que conlleva elevadas tasas de interés y ganancias especulativas para los acreedores. Pero, bajo el mismo principio, cuando el país ya no puede pagar, los inversionistas deberían asumir el riesgo y las pérdidas que conlleva un pago parcial negociado. Tal filosofía quedó en palabras hasta que, por primera vez en sus 55 años de vida, el FMI y el propio Tesoro norteamericano toleraron el mes pasado la decisión de un país, Ecuador, de no cumplir con una deuda contraída con los mercados mundiales de bonos. Pero no se trató solo de "tolerancia" del Fondo, sino de haberle alentado activamente al país a actuar así. No de otra manera se explica que un régimen tan temeroso como el de Jamil Mahuad se haya lanzado por ese camino, incluso sacrificando a la pieza más importante del nuevo gabinete con el que inauguró su segundo año de gobierno: Guillermo Lasso, superministro de Economía. Autoridades monetarias confirmaron a GESTIÓN que fue por sugerencia del FMI que el Ecuador decidió diferir los pagos, lo que finalmente puso al país en la ruta de la moratoria. Sin embargo, ante la mar de críticas, el FMI se declaró "observador interesado" en el proceso, y su director gerente, Michel Camdessus, hizo votos para que el Ecuador halle un "acuerdo amigable y de buena fe" con sus acreedores. Alguno de sus voceros lamentó que el país no hubiera llegado a un acuerdo amigable con sus acreedores, y el organismo estuvo a punto de no firmar la Carta de Intención. Sin embargo, la anunció el día de clausura de la Reunión Anual, aunque no dijo nada acerca del apoyo que diera al no pago. SERIOS INTERROGANTES Por otro lado, como dijo Edward Luce, reputado analista del Financial Times, la decisión del FMI con Ecuador "despierta serios interrogantes para los inversionistas que operan en el mercado de bonos de países en desarrollo. ¿Se trata de una respuesta única a los problemas específicos de Ecuador, o es una señal más amplia de que los mercados de bonos tienen que acostumbrarse a compartir la carga cuando un país deja de cumplir sus obligaciones? Los Brady, adquiridos en su totalidad por inversionistas privados, representan cerca de la mitad de los bonos de los países en desarrollo y han ayudado a restablecer los flujos de capitales privados hacia América Latina en los últimos diez años". La respuesta a esa pregunta no salió de las asambleas anuales del FMI y el Banco Mundial. Un funcionario del G-7 habría dicho "Sería contraproducente decir definitivamente si nosotros rescataremos o no a un determinado país... Que lo adivinen los mercados". Pero sobre lo que hay pocas dudas es de que el Ecuador es el caso de prueba, el cuy del laboratorio, para ver si definitivamente se va hacia un cambio de política para los mercados emergentes con crisis financieras. Los inversionistas privados, como decía el propio Luce, "consideran la aprobación del default ecuatoriano como una señal de que el FMI y las potencias han modificado radicalmente su política. En particular, están inquietos por las perspectivas de Venezuela". La mejor "distribución de la carga" o la "responsabilidad compartida" implicaría que los organismos multilaterales como el FMI y los propios gobiernos ya no están dispuestos a correr en auxilio de los países con problemas de default solo para que los acreedores privados sigan cobrando puntualmente sus intereses. Esos salvatajes han costado decenas de miles de millones de dólares, como en los casos de México (1995, US$ 50.000 millones), Corea (1997, US$ 43.000 millones), Rusia, Argentina y Brasil. "Lo que el FMI y los EE.UU. están haciendo es derribar un pilar central de la política externa estadounidense hacia Latinoamérica y los mercados emergentes en general", habría dicho Jerome Booth, jefe de investigaciones de Ashmore, una firma de inversiones en mercados emergentes. "EE.UU. solía considerar sacrosantas las deudas con el sector privado. Pero ahora está alentando los incumplimientos". ¿Estados Unidos también? Sí, porque el FMI no podría hacerlo sin contar con este país. Más aún, algunas declaraciones de funcionarios del Departamento del Tesoro lo revelan: "si Ecuador realiza firmes reformas de política económica y logra un progreso significativo hacia un acuerdo integral en términos apropiados con sus acreedores, estamos preparados para apoyar un programa de préstamos del FMI y la reestructuración de su deuda", dijo precisamente un vocero oficial. Pero, ¿a qué se debe ese cambio de política? No solo a que los países que financian esos paquetes de salvataje están cansados de seguir poniendo su dinero, sino a una profunda razón económica: se cree que si se obliga al sector privado a asumir su parte en las reestructuraciones de deudas soberanas, este será más cuidadoso en asumir riesgos. Lo que sucede, o sucedía, antes del default del Ecuador, es que los inversionistas hacen (hacían) un gran negocio invirtiendo en papeles rentables de deuda de los "mercados emergentes" en la seguridad de que finalmente el FMI iba a responder por ellos en caso de una restructuración. Ahora parecería que se ha retirado esta suerte de garantía de facto del FMI. Por supuesto, los bancos y los corredores de inversiones protestan. Uno de sus argumentos es muy importante: esta "carga compartida" va a hacer mucho más caros los préstamos a los mercados emergentes y, finalmente, significará un recorte del flujo de fondos hacia estos países que tanto los necesitan. Así opina el Institute for International Finance, organismo privado que agrupa a 300 bancos, el cual envió una carta al FMI criticando el concepto y aclarando que esto podría alejar al inversionista de los mercados emergentes, lo que obviamente presionaría al alza las tasas de interés. El propio Nicholas Brady, el ex secretario del Tesoro de los EE.UU. que lideró la reestructuración de la deuda creando estos bonos en 1989, es uno de los críticos, pues para él "Las instituciones multilaterales no poseen los recursos que se necesitarían para reemplazar los flujos de capitales del sector privado". Ahora bien, todo esto, ¿qué significa en concreto para el Ecuador? Ser el primer caso práctico de esta nueva política tiene costos inmensos para el país, y de allí las expresiones de Edwards y Dornbusch. Porque además de que el default implica el cierre total de líneas de crédito de la banca privada extranjera hacia el Ecuador, también puede implicar procesos legales, embargos, incautaciones y demás, como se analiza en otro artículo de esta edición. Esta política nueva, impulsada desde fuera, se sumó a la débil posición negociadora de Ecuador, a su crisis política y económica, a su falta de credibilidad y estalló como una deuda vencida inmanejable. ¿Fue el FMI ángel o demonio para el país? ¿Qué implica esto para el Presupuesto del 2000 y para el programa macroeconómico? ¿Qué consecuencias vienen para la calidad de vida de la población ecuatoriana? Tal vez fue pensando en estas consecuencias que el presidente del Banco Mundial, James Wolfhenson, declaró: "pase lo que pase se ayudará a Ecuador"; pero no dijo cómo.
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